¿Qué es el compostaje doméstico?

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Es una forma natural de reciclaje que consiste en la transformación de la materia orgánica en abono natural a través de un proceso controlado de descomposición. Este proceso imita el ciclo de la vida, que ocurre de forma espontánea en la naturaleza. El compostaje es un proceso biológico aeróbico, en el que se provoca la oxidación de la materia orgánica, con la consiguiente producción de calor, que eleva la temperatura de la masa, y de sustancias elementales útiles para la vida de las plantas.

Cuando las hojas de los árboles, ramas o excrementos caen al suelo, elementos como el agua, el aire, el calor y organismos vivos como microorganismos (hongos y bacterias), gusanos, e insectos, los transforman en humus (compost), que alimenta nuevamente a los vegetales, que a su vez alimentarán a otros animales.

Los microorganismos proceden de la atmósfera, del agua, del suelo o de los mismos residuos. Cada grupo de microorganismos requiere una temperatura óptima para realizar su actividad, y así podemos hablar de termófilos, mesófilos o criófilos.

El compostaje doméstico es el realizado por los particulares en sus jardines y/o fincas utilizando los residuos orgánicos domésticos (restos de comida, papel,…) y vegetales (ramas, hojas, tallos,…).

Desde que la agricultura se inventó, hace cerca de 5.000 años, los campesinos aseguraron la fertilidad de sus campos mediante materiales orgánicos descompuestos de los residuos animales y vegetales de sus granjas.

Esta técnica estaba basada en lo que ocurría en la Naturaleza sin la ayuda del ser humano, donde la materia orgánica de plantas y animales, se mezcla en el suelo, descomponiéndose y aportando sus nutrientes a la tierra de la que se alimentan de nuevo las plantas.

Bosque con covertura natural del suelo

Después de la II Guerra Mundial, esta práctica fue abandonada en los países desarrollados siendo sustituida por fertilizantes químicos, producidos a bajo coste a partir de la energía derivada del petróleo.

Pero hace 20 ó 25 años se observó un gradual pero constante descenso en la fertilidad de los campos, debido a que la carencia de materia orgánica en los suelos había alterado el ciclo natural, haciendo desaparecer los organismos conocidos como descomponedores, encargados de fabricar humus. Esta constatación hizo que se quisieran volver a recuperar las prácticas tradicionales en la agricultura con el enterrado de rastrojos (en lugar de su quema), y a través de procesos industriales de compostaje y del compostaje comunitario y doméstico.

Los factores más importantes, que hay que tener en cuenta para el control del proceso de compostaje son:

Humedad: para el transporte de los alimentos y productos de descomposición de la actividad microbiana es necesaria la presencia de agua. Es importante que alcance unos niveles óptimos, entre el 40 y el 60 por ciento en peso, ya que si el contenido en humedad es muy elevado, el agua ocuparía todos los poros y el proceso se volvería anaerobio, es decir, se produciría una putrefacción de la materia orgánica, y si el contenido de humedad es excesivamente bajo, se disminuye la actividad de los microorganismos y el proceso es más lento o incluso puede llegar a interrumpirse la actividad microbiana.

Oxígeno: los organismos que intervienen en el proceso son aerobios, es decir, necesitan oxígeno para crecer y desarrollarse, por eso el residuo o mezcla de residuos que se desea compostar debe poseer una cierta porosidad que asegure la existencia en su interior del suficiente espacio para el aire. La concentración de oxígeno dependerá del tipo de material, textura, humedad, frecuencia de volteo y de la presencia o ausencia de aireación forzada.

Nutrientes: sólo pueden ser objeto de compostaje los materiales que son biodegradables, es decir, asimilables por los microorganismos, y deben contener una cantidad equilibrada de elementos nutritivos. Especial importancia tiene la relación existente entre el carbono y el nitrógeno; se considera que el “ideal” es que esa relación esté comprendida entre 25 a 1 y 35 a 1. Si la relación carbono/nitrógeno es demasiado elevada, el proceso tiene lugar con lentitud, por falta de nitrógeno para cubrir las necesidades de los microorganismos (el nitrógeno es un componente fundamental de las proteínas y de los ácidos nucleicos). Por otra parte, si la relación es muy baja, tiene lugar un fenómeno de autorregulación que conduce a la pérdida del nitrógeno sobrante en forma de amoniaco. Conviene evitar las pérdidas de amoniaco porque supone pérdidas de un interesante elemento fertilizante y porque el amoniaco es un contaminante atmosférico. Después de carbono y nitrógeno, es importante, aunque en medida muy inferior, que los microorganismos cuenten con un adecuado suministro de fósforo. La relación carbono/fósforo óptima es cualquiera comprendida entre 120 a 1 y 175 a 1. También tienen que estar disponibles pequeñas cantidades de calcio, hierro, magnesio,…

pH: influye en el proceso debido a su acción sobre los microorganismos. Los microorganismos no pueden vivir en ambientes excesivamente ácidos (pH menor que 7, cuanto menor, más ácido) ni básicos (pH mayor que 7, cuanto mayor, más básico). En general, los hongos toleran un margen de pH entre 5 y 8, mientras que las bacterias tienen menor tolerancia (pH entre 6 y 7,5).

Temperatura: la temperatura de la masa se consigue de forma natural debido al calor generado en el proceso. Una primera elevación de temperatura señala que se ha iniciado el proceso biológico, con esto se eliminan gérmenes patógenos y semillas perjudiciales para las plantas; su posterior evolución determina el tipo de microorganismos que están actuando en cada momento.

El proceso de compostaje implica una compleja destrucción de la materia orgánica junto con la producción de ácido húmico para dar lugar a un producto final estable. Los microorganismos que participan en el proceso de compostaje pertenecen a diversas categorías. Los más importantes son las bacterias, los actinomicetos y los hongos, aunque también intervienen protozoos y rotíferos.

Bacterias: Son organismos procariotas, es decir, con la organización celular más simple: sin ciertos orgánulos y sin núcleo verdadero.

Se dividen en dos grupos: eubacterias (heterótrofas, que precisan de nutrientes fabricados por otros organismos) y cianobacterias (fotosintéticas, que fabrican parte de los nutrientes a partir de la luz solar).

Las bacterias son los organismos vivos más pequeños y los más numerosos en el procesos de compostaje, de manera que constituyen del 80 al 90 por ciento de los microorganismos existentes en un gramo de compost. Son responsables de la mayoría de los procesos de descomposición así como de la producción de energía calorífica en el compost. Se trata de un grupo de gran diversidad metabólica, usando un amplio rango de enzimas que degradan químicamente una gran variedad de materiales orgánicos.

Las bacterias que participan en el compostaje son mesófilas y termófilas. Las primeras son las que normalmente se encuentran en el suelo vegetal y producen ácidos. Las segundas son las responsables de la degradación de proteínas, lípidos y grasas.

Actinomicetos: Son organismos que se asemejan a hongos pero son realmente bacterias filamentosas (bacterias gram-positivas). Carecen de núcleo pero crecen formando filamentos multicelulares como los hongos.

En el compostaje desempeñan un papel importante ya que degradan compuestos orgánicos complejos, tales como la celulosa, lignina, quitina y proteínas. Sus enzimas les permiten degradar químicamente los desechos duros como por ejemplo: cortezas, tallos, troncos, raíces, papeles…

Ciertas especies aparecen durante la fase termofílica y otras llegan a ser importantes durante la fase de enfriamiento, cuando solamente quedan los compuestos resistentes no degradados en fases anteriores.

Los actinomicetos tienen forma alargada, se extienden a modo de tela de araña por toda la masa de compostaje. Hacia el final del proceso, en los 10 ó 15 cm. externos de la pila se hacen más visibles.

Hongos: Son organismos eucariotas, osmótrofos, unicelulares o multicelulares, carecen de clorofila y tienen una pared celular rígida (formada por quitina y celulosa).

Son los responsables de la descomposición de muchos polímeros complejos de la planta, tanto en el suelo como en le proceso de compostaje.

En el compost los hongos son importantes porque degradan los desechos resistentes, permitiendo a las bacterias continuar el proceso de descomposición una vez que la mayoría de la celulosa ha sido degradada.

Se separan y crecen produciendo muchas células y filamentos, y pueden atacar los residuos orgánicos que son demasiado secos, ácidos o tiene bajo contenido de nitrógeno para la descomposición bacteriana.

Los hongos son numerosos durante las fases mesofílica y termofílica. Cuando las temperaturas son altas gran parte de ellos se encontrarán en la capa externa del compost.

Protozoos: Los protozoos son animales microscópicos unicelulares, eucariotas y heterótrofos, con movimiento mediante flagelos. Los encontramos en la fracción del agua del compost. Su papel en la descomposición es de menor importancia. Obtienen su alimento de la misma forma que las bacterias, pero además actúan como consumidores secundarios ingiriendo bacterias y hongos.

Rotíferos: Son gusanos de 0,1 a 0,5 mm que viven en la tierra húmeda. Son organismos pluricelulares que se encuentran en las películas de agua del compost. Se alimentan de materia orgánica y también ingieren bacterias y hongos. Resisten la desecación en estado de vida latente.

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